Ficción:
Todo cambia según el lugar donde te encuentres, las reglas cambian dependiendo de la casa en la que estas, como invitado claro. Y cuando viajas, a otra ciudad, por ejemplo, o puedes toparte con personas que se despidan de diferente manera o personas como en mi caso que su deseo de un buen viaje se convierte en toda una hazaña sexual.
Mis amigos pertenecieron hace algunos años a una banda de rock o punk, nadie puede describir con exactitud. Pero, el hecho de que yo sea su amigo, me dio la oportunidad de acompañarlos a los lugares a donde se conseguían shows, tocadas, borracheras, fiestas, repito, no se puede describir con exactitud. El saber a que categoría corresponde cada viaje, es acorde, según a la edad en la que te encuentres, y yo, en ese caso, tenía quince maravillosos y esplendorosos años. Nos encontrabamos en la gloriosa ciudad de ... Eramos como unos buenos jovenes turistas, con esperanza de éxito, alegres con el pasar de las muchachas vestidas con estoperoles, tennis converse y rimel de color negro, y en esos tiempos, las que se vestían así, eran las que mas rápido sucumbían ante los encantos de uno. Y a esa edad, lo único que piensas hacer es besarte a unas buenas chicas punks, después de haber terminado una buena noche músical, ebrio o no, el amor siempre es bienvenido, siempre y cuando tengas tus buenos marlboros en el bolsillo. Nos fuimos un viernes en la madrugada, en todos los viajes nos gustaba llegar desde temprano, para hacer el desmadre desde el inicio, fumando y tomando, hablando de bandas que veíamos en los programas nocturnos de música, comparando el éxito que otras bandas "hermanas" han conseguido, recordando los lugares a los que han ido a tocar, y por sobre todo, jamás faltaba la plática extensa de la mujer con la que compartieron su amor sin amor. Que la gorda borracha y gritona, la flaca drogada y desmayada, la morena que olía chistoso pero besaba rico, la hija de papi que se salía a escondidas para ir a verlos tocar y regresaba con otra mirada que con la que se había escapado. Sexo y música, es la nueva moda, y es accesible para todos, menos para mi. Yo no pertenezco a ninguna banda, con mis amigos sólo me limitaba a cuidarles los cigarros para que no se perdieran con los saltitos que antes hacían. Las muchachas amaban al vocalista, querían las baquetas del baterista y se encantaban con los rizos del guitarrista, pero de mí solo admiraban mi destreza con la que movía la cámara de su cuerda protectora. Su show terminaba y me acercaba a ellos, me preguntaba porqué todas la muchachas se dejan llevar por el encanto del músico adolescente y cacarizo, ninguno de ellos consiguió besar a las presentes ese día, nadie se dejaba, por que ya cuando termina la banda de tocar, se termina el encanto, y se pasa a la siguiente banda que se para en el escenario. Pero a esa edad, no importa eso, pues aún sigue la fiesta después del toquín, ahí todos andamos parejos, con las mismas posibilidades de ligarte a una morrita, pero también es el final de la noche como la conocemos, y es donde tienes que hacerte una pregunta, y decidir, ya que no es tu ciudad y no sabes para donde moverte, si te vas con el bagre, que siempre se carga caguamas y cigarros, o con el fresa rocker, que tiene una fiesta en su cochera todo tranquilo; con el primero sabes que vas a aprender lo malo, vas a hacer cosas que nunca habías hecho, y con el segundo sabes que son unas cuantas cervezas, unos cigarros, música comercial, y si es tu noche de suerte te consigues a la amiga que tambien busca placer y aventura sana. Y como les había dicho, a los quince años, buscas la experiencia de haber hecho algo malo, de ponerte bien borracho y de llenarte los pulmones de humo, viajando de un lugar a otro buscando puestos de cerveza clandestina. Para esto, decidimos irnos con los bagres, los que tienen más marcadas las ojeras, los que hablan de más y tienen muchas amigas de todos los tipos. Ellos vivían en un departemento, muy austero, una cama, un baño medio limpio y medio sucio, nada de sillones o cualquier asiento, y una televisión con un sólo canal, pero nada de eso importa, pero, fue cuando nos dimos cuenta: error de primer viaje, nos dejamos llevar por las apariencias, y todo lo que pensamos que lograríamos, nunca sucedió, las muchachas que llegaban se iban a los quince minutos, y la cerveza se calentaba con rapidez, con los cigarros pasaba que nadie cargaba pero a la hora de la hora todos traían uno en la boca. Y yo pensaba, esto es un fraude, donde están las chicas drogadas sedientas de sexo, la cerveza rebosante de hielo bien helada, las platicas en las que todos cuentan que video porno esta de moda, esto no es rock como lo cuentan en la tele, no hay drogas ni sexo ni rockanroll, muy apenas hay rock, y las drogas son para cabrones muy reservados, que se esconden para que no se les acabe. Pero así es esto, cuando vas empezando nada es como lo pintan. Todos trabajan, muchas horas y es muy difícil que metan mensajes subliminales a sus canciones, a veces hay cerveza y a veces no, las novias de los que tocan son las que compran todo y sólo por esto se quedan pero no hacen relajo, nomas charlan entre ellas. Y solo por eso pensé, no me pierdo de nada, no hay nada bueno, en esto de la música. Y para qué lo haces si al final vienes regresandote, por alguna u otra razón y dejas de hacer lo que siempre hacías. Al final de cuentas todos se venden, y todo tiene su precio.
Al último día, después de desayunar, los mismos bagres nos quisieron sacar a pasear, según ellos para conocer lo bueno de esa ciudad, primero a lugares donde venden ropa acá negra como nosotros, de bandas de todo tipo, de esa ropa que solo hallabas en Estados Unidos, luego a comer bien rico y bien barato, hasta no sentir las tripas, y ya casi para nuestra despedida, no sé de quien fue idea, pero me hubiera conformado con un aventón a tomar el camión, es más que suficiente para un viaje de dos días y medio con los mismos ilusos igual que uno; el carro donde íbamos tomo una dirección un poco sospechosa, una calle medio rara, para terminar en un callejón aún más raro, y así nos fuimos de colonia en colonia, la que seguía más jodida que la anterior, el pavimento se empezó a desaparecer igual que el alumbrado, hasta que ya no había nada de los dos que extrañar, nos encontrabamos en la mera tierra, el alumbrado público se limitaba a ser un tambo con fuego en las esquinas, y mientras eso sucedía y nosotros no sabíamos a donde nos dirigíamos, de fondo Billy Corgan sonando; bajamos cada vez más por una colina, hasta dónde había hogares muy humildes, cartones multiusos, lo que es para nosotros cajas, es para ellos una mesa, y otro día una puerta, o un techo, y ahí nos detuvimos por cinco minutos. Pensé, que demonios puedes conseguir en este lugar, que haría una persona normal ahí, al mismo tiempo que me preguntaba eso, vi un sombrero rosa con hoyos en un tambaleante caminar, subiendo al carro de atrás. Y yo como el ingenuo que era, aún no sabía que pasaría. Llegamos de nuevo al cuarto, y rápidamente el que la conocía dijo: Elige uno y hazle lo que quieras. La joven se veía nerviosa, asustada y noté en su cara un poco de decepción, todos como bestias a su alrededor, como en un rito para terminar un fin de semana, unos con cigarros mirándola fijamente, esperando que la elección sea de su agrado, y yo me quedé parado, el joven irrespestuoso que había llegado a ese lugar se había esfumado o escondido dentro de mí, la muchacha tardó minutos en aceptar la mision sexual que se le encargo, y ya cuando la mitad de los hombres extraños estaban en el cuarto de la televisión riendose de cualquier babosada, como si eso pasará todos los días; ella optó por complacerme a mí, y yo omitiendo cualquier deseo de libertinaje dije que no, y aunque a ella pareció no importarle, su amigo y la persona que fue nuestra guía turística, sufrió y sufrió como si hubiera perdido una batalla importante, una decepción muy grande, y yo fui el culpable y hasta el momento no me arrepiento, y no importa. Es eso en lo que ahora se ha convertido el rock, cerveza, flojera y mujeres de dudosa procedencia, la música es lo de menos, y mucho menos para el respeto hay cabida. Pobre mujer y pobre gente, espero que al menos cuando nos fuimos ella se haya ido después, limpia, lo cual no creo, los rumores sonaban a que ese lugar se pondría muy pornográfico. Cuando nos ibamos todos callados, pensando que viajaban con un homosexual o un maricón, yo rompí el hielo, y dejé claro que para nada estaba gracioso ese cotorreo, el padrote/músico que la consiguió, sonaba muy decepcionado, me reclamaba el porqué no me había dejado querer, para él era una gran derrota, y me dijo, cuando yo ya tenía un pie fuera del auto: Esa vieja es buena para lo que hace, no te sientas mal por ella, te arrepentirás del soplido que te perdiste, cerré la puerta y lo vi alejarse, pensé en el camino a casa en el tal llamado soplido, imaginé como hubiera sido y pensé en los detalles y consecuencias, pero nunca me arrepentí.
Al último día, después de desayunar, los mismos bagres nos quisieron sacar a pasear, según ellos para conocer lo bueno de esa ciudad, primero a lugares donde venden ropa acá negra como nosotros, de bandas de todo tipo, de esa ropa que solo hallabas en Estados Unidos, luego a comer bien rico y bien barato, hasta no sentir las tripas, y ya casi para nuestra despedida, no sé de quien fue idea, pero me hubiera conformado con un aventón a tomar el camión, es más que suficiente para un viaje de dos días y medio con los mismos ilusos igual que uno; el carro donde íbamos tomo una dirección un poco sospechosa, una calle medio rara, para terminar en un callejón aún más raro, y así nos fuimos de colonia en colonia, la que seguía más jodida que la anterior, el pavimento se empezó a desaparecer igual que el alumbrado, hasta que ya no había nada de los dos que extrañar, nos encontrabamos en la mera tierra, el alumbrado público se limitaba a ser un tambo con fuego en las esquinas, y mientras eso sucedía y nosotros no sabíamos a donde nos dirigíamos, de fondo Billy Corgan sonando; bajamos cada vez más por una colina, hasta dónde había hogares muy humildes, cartones multiusos, lo que es para nosotros cajas, es para ellos una mesa, y otro día una puerta, o un techo, y ahí nos detuvimos por cinco minutos. Pensé, que demonios puedes conseguir en este lugar, que haría una persona normal ahí, al mismo tiempo que me preguntaba eso, vi un sombrero rosa con hoyos en un tambaleante caminar, subiendo al carro de atrás. Y yo como el ingenuo que era, aún no sabía que pasaría. Llegamos de nuevo al cuarto, y rápidamente el que la conocía dijo: Elige uno y hazle lo que quieras. La joven se veía nerviosa, asustada y noté en su cara un poco de decepción, todos como bestias a su alrededor, como en un rito para terminar un fin de semana, unos con cigarros mirándola fijamente, esperando que la elección sea de su agrado, y yo me quedé parado, el joven irrespestuoso que había llegado a ese lugar se había esfumado o escondido dentro de mí, la muchacha tardó minutos en aceptar la mision sexual que se le encargo, y ya cuando la mitad de los hombres extraños estaban en el cuarto de la televisión riendose de cualquier babosada, como si eso pasará todos los días; ella optó por complacerme a mí, y yo omitiendo cualquier deseo de libertinaje dije que no, y aunque a ella pareció no importarle, su amigo y la persona que fue nuestra guía turística, sufrió y sufrió como si hubiera perdido una batalla importante, una decepción muy grande, y yo fui el culpable y hasta el momento no me arrepiento, y no importa. Es eso en lo que ahora se ha convertido el rock, cerveza, flojera y mujeres de dudosa procedencia, la música es lo de menos, y mucho menos para el respeto hay cabida. Pobre mujer y pobre gente, espero que al menos cuando nos fuimos ella se haya ido después, limpia, lo cual no creo, los rumores sonaban a que ese lugar se pondría muy pornográfico. Cuando nos ibamos todos callados, pensando que viajaban con un homosexual o un maricón, yo rompí el hielo, y dejé claro que para nada estaba gracioso ese cotorreo, el padrote/músico que la consiguió, sonaba muy decepcionado, me reclamaba el porqué no me había dejado querer, para él era una gran derrota, y me dijo, cuando yo ya tenía un pie fuera del auto: Esa vieja es buena para lo que hace, no te sientas mal por ella, te arrepentirás del soplido que te perdiste, cerré la puerta y lo vi alejarse, pensé en el camino a casa en el tal llamado soplido, imaginé como hubiera sido y pensé en los detalles y consecuencias, pero nunca me arrepentí.


